Presidente, y ahora, ¿qué haremos con China?: desafíos frente al gigante asiático 

Desde mediados de la década pasada, China también pasó a ser el principal origen de nuestras importaciones, seguido por los Estados Unidos. El valor de nuestras compras a China alcanzó a más de 17.240 millones de dólares, durante los años 2017 a 2021 (promedio). Esta cifra representa cerca de un cuarto de las importaciones totales, pero participan con mucho menos del 1% de las exportaciones chinas al mundo

Sin duda que hemos tenido la oportunidad de explorar con escasa competencia –al menos por tiempo– un mercado de más de 1.440 millones de habitantes, y sabemos que los negocios se mueven hacia donde están las oportunidades. Y no los culpo. El sistema económico en que estamos insertos opera así. Pero, pregunto, ¿dónde han estado las políticas públicas? Creo que nos sentimos atraídos por las oportunidades fáciles y, lamentablemente, los últimos gobiernos simplemente continuaron profundizando los vínculos económicos y comerciales con China. ¿Y ahora qué? Por ahora, parece más de lo mismo. Pero todavía falta. Desde mediados de la década pasada, China también pasó a ser el principal origen de nuestras importaciones, seguido por los Estados Unidos. El valor de nuestras compras a China alcanzó a más de 17.240 millones de dólares, durante los años 2017 a 2021 (promedio). Esta cifra representa cerca de un cuarto de las importaciones totales, pero participan con mucho menos del 1% de las exportaciones chinas al mundo.  Compartir Twittear Compartir Imprimir Enviar por mail Rectificar

Hasta el momento de escribir estas líneas, entiendo que nuestro Gobierno no había emitido ninguna opinión respecto del informe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, luego de su visita a China (“OHCHR Assessment of human rights concerns in the Xinjiang Uyghur Autonomous Region, People’s Republic of China“, Ginebra, 31 de agosto, 2022). Raro, pues la Cancillería está siempre bien informada y está regularmente emitiendo comunicados acerca de eventos de importancia. A modo de ejemplo, cito una frase del comunicado del 29 de agosto, en que la subsecretaria Ximena Fuentes “destaca reconocimiento universal del derecho humano a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible”, y otro, en que hacemos llegar nuestras “condolencias a China tras terremoto en Sichuan” (5 de septiembre). Pero, y los “uigures”, ¿pasaron al olvido?

No fue sorpresa que la ONU se involucrara en una investigación de esta naturaleza, pues hace años que Amnistía Internacional ya viene denunciando las violaciones a los derechos humanos en China. En su Informe titulado “Like we were enemies in a war” (2021), Amnistía señala que “desde 2017, bajo el pretexto de una campaña ‘antiterrorista’, el Gobierno de China ha llevado a cabo abusos masivos y sistemáticos en contra de musulmanes viviendo en la Región Autónoma Uyghur de Xinjiang (…), la campaña gubernamental evidencia un claro intento de apuntar a grupos de la población de Xinjiang, a partir de su religión y origen étnico… [para…] finalmente, asimilar por la fuerza, a miembros de esos grupos étnicos en una nación China con un lenguaje, cultura, e inquebrantable lealtad al Partido Comunista Chino…” (mi traducción, pág. 7). El Informe de la Alta Comisionada no hace sino confirmar lo que adelantó Amnistía Internacional, un año antes.

Sorprende, sin embargo, el aparente silencio del Gobierno ante el pronunciamiento de Michelle Bachelet y del organismo que encabezó hasta hace pocos días. Sorprende, porque el tema de los derechos humanos está en el corazón de este Gobierno y porque Gabriel Boric se ha pronunciado claramente en su defensa y en contra de los abusos cometidos, por ejemplo, en Venezuela y Nicaragua. Más aún, en su entrevista con la revista Times , en el mes de agosto, el Presidente Boric fue crítico del mandatario de El Salvador, mencionando la “deriva autoritaria” para enfrentar las maras, destacando que “la delincuencia hay que enfrentarla con mucha decisión, pero eso no se puede hacer restringiendo la democracia”.

Y muy recientemente, la prensa informó que el Presidente le canceló una entrevista al embajador de Israel, por incidentes ocurridos en la Franja de Gaza ( Ex-Ante ), reaccionando frente a un posible abuso del ejército de Israel. Entendido, es su potestad … Pero, ¿y los uigures? Además, la canciller es una especialista en estas materias, habiéndose desempeñado como integrante y presidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. ¡Raro!

Entonces, ¿qué haremos con China? Presidente, está complicado, pero –en mi opinión– a pesar de todos los desafíos domésticos que debemos enfrentar, más allá de los abusos cometidos en Xinjiang, China está desafiando el orden establecido en varios frentes y –temprano o tarde– en Chile deberemos decidir de qué lado queremos quedar. Tengo diversos motivos que me llevan a pensar que debemos revaluar –con urgencia– nuestra relación con China, pero creo que para el Presidente Boric debería ser suficiente la dramática evaluación de los derechos humanos en el país. El historial de China en estas materias es largo. Claramente, como todos los países que aspiran a jugar un papel preeminente en la lucha por el poder global, China prioriza sus intereses geopolíticos y económicos.

La verdad es que la dependencia de nuestras exportaciones de China es –al menos– muy poco saludable e insostenible en el mediano y largo plazo.

Su historial no me permite confiar en lo que dicen y por eso debemos mirar la historia de nuestra relación y los datos duros que la acompañan. Durante el Gobierno del Presidente Allende, fuimos uno de los primeros países en abrir una embajada en China, pero el Gobierno chino nos abandonó luego del golpe militar en 1973. Reconoció de inmediato al régimen militar y terminó expulsando de sus dependencias diplomáticas a todos aquellos que buscaron refugio en la embajada. Mas aún, el Gobierno chino nunca cuestionó las prácticas de la dictadura militar, ni los abusos cometidos durante ese régimen, aun cuando –regularmente– fueron denunciados en la ONU. China no es una democracia: tiene un gobierno autoritario, con un régimen político unipartidista, que no ha cambiado desde su consolidación, con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial. Solo han cambiado quienes están a la cabeza del régimen. Hemos denunciado a otros regímenes de esa naturaleza, ¿haremos lo mismo con China?

Y el historial de China en materias medioambientales no es mucho mejor. Ha logrado –sin duda– dar un salto significativo en su desarrollo industrial y tecnológico en las últimas décadas, pero a un gran costo para ellos y para la humanidad. Es el país que más contribuye a la contaminación global, y no para. Ya produce cerca de un tercio de todas las emisiones de gases de efecto invernadero y sus emisiones siguen en aumento, por el mayor uso de carbón (poco menos de la mitad del consumo mundial). A fines de la década pasada, China emitía más gases contaminantes que todos los países desarrollados juntos. Y espera seguir aumentando sus emanaciones de carbono hasta fines de la presente década, para alcanzar la “neutralidad” recién en 2060. En el marco del Acuerdo de París, el objetivo sería el 2050.

Igual de importante: ¿estamos realmente conscientes de cuán asimétrica y desequilibrada es la relación económico-comercial que nos “entrampa” actualmente con China? Creo que la respuesta es NO. Ha sido súper “cómodo” dar continuidad a las relaciones establecidas durante el gobierno militar. El regreso a la democracia no cambió mucho esta relación, pues en el 2002 iniciamos conversaciones con China para un Tratado de Libre Comercio en Bienes que se suscribió en el 2005, entrando en vigencia en 2006. Se han realizado varias negociaciones para profundizar el TLC, la última en el 2017. Según Subrei: “Desde el 1 de enero de 2015, el 97,2% de las mercancías chilenas (7.336 categorías de productos) pueden ingresar al mercado chino libres de arancel. En tanto, desde la misma fecha, los productos… de China ingresan libre de derechos aduaneros, a excepción del 2% de los productos contenidos en la Lista de Exclusión del TLC” (mi énfasis). Buenísimo, para China, pero… no tanto para nosotros, que les exportamos solo un puñado de productos.

En los últimos 5 años, nuestras exportaciones a China alcanzaron a cerca de 25.000 millones de dólares, promedio anual, elevándose a poco menos de 35.000 millones en 2021, que representan entre el 37% y el 38% del total de nuestras exportaciones al mundo, y creciendo. Así, durante el primer semestre de 2022, ese valor alcanzó a cerca de 20.620 millones de dólares, con una participación de casi el 39% del total, cifra que está por encima de la del mismo período en 2021 (33%) (Datos ONU – ITC).

Más importante, nuestras exportaciones están concentradas en metales y minerales, que representan casi el 80% del total. Con las exportaciones de frutas (en especial cerezas), carnes (en especial de cerdo), vinos, así como de pulpa y celulosa, la cifra final se eleva al 94%. Claramente, las exportaciones están concentradas en un puñado de productos que –en su gran parte– son recursos naturales con bajo grado de procesamiento y escaso valor agregado. El sector agroalimentario es particularmente vulnerable por su dependencia del mercado chino, en especial las carnes. En los últimos tres años, los envíos de carnes a China alcanzaron a casi el 40% del total. En el caso de las frutas, casi un cuarto del total tuvo como destino China. Y todo esto logrado en un par de décadas. Todo un récord. Pero la verdad es que la dependencia de nuestras exportaciones de China es –al menos– muy poco saludable e insostenible en el mediano y largo plazo.

Sin duda que hemos tenido la oportunidad de explorar con escasa competencia –al menos por tiempo– un mercado de más de 1.440 millones de habitantes, y sabemos que los negocios se mueven hacia donde están las oportunidades. Y no los culpo. El sistema económico en que estamos insertos opera así. Pero, pregunto, ¿dónde han estado las políticas públicas? Creo que nos sentimos atraídos por las oportunidades fáciles y, lamentablemente, los últimos gobiernos simplemente continuaron profundizando los vínculos económicos y comerciales con China. ¿Y ahora qué? Por ahora, parece más de lo mismo. Pero todavía falta.

Desde mediados de la década pasada, China también pasó a ser el principal origen de nuestras importaciones, seguido por los Estados Unidos. El valor de nuestras compras a China alcanzó a más de 17.240 millones de dólares, durante los años 2017 a 2021 (promedio). Esta cifra representa cerca de un cuarto de las importaciones totales, pero participan con mucho menos del 1% de las exportaciones chinas al mundo.

En los próximos capítulos analizaremos cómo el gigante asiático intenta “atraparnos” en una red de acuerdos y las posibles salidas frente a este enorme desafío.

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